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Llega la Navidad, lo vemos en la calle, en los centros comerciales y cómo no, en la televisión. Las sonatas que las marcas inventan con motivo de la Pascua comienzan a resonar en nuestros cráneos, muy a nuestro pesar. “Vuelve a casa vuelve..” “Hola soy Edu, feliz Navidad”.

¿Quién no recuerda estos míticos comerciales? ¿y por qué lo hacemos? ¿por el producto tan singular y necesario que presentan? Pues va a ser que no, lo hacemos por la capacidad reminiscente de la sintonía que los acompaña. ¡Hagamos una pequeña prueba!

Veamos … ¿Sois capaces de asociar estas tres sintonías con las marcas a las que pertenecen? 🙂





 

Que conste que no es que os lo hayamos querido poner fácil sino que, como decíamos, la herramienta musical en este sentido es muy potente. 

Con el paso del tiempo el idilio entre marketing y música se ha ido sofisticando dejando atrás la mera sonorización de anuncios para demostrar que el poder de la música a la hora de crear imagen de marca es hoy incuestionable. Se trata de una herramienta con un gran potencial a la hora de intentar conectar con nuestra audiencia aspiracional. Desde hace algún tiempo venimos escuchando que la publicidad de nuestra época se medirá en función de la capacidad que tengan los marketeros de emocionar a su público. Aquí es donde el cuarto arte entra en juego. El neuromarketing ha demostrado que la música, además de tener una elevadísima capacidad reminiscente como ya hemos dicho (en ocasiones superior a la del eslogan), estimula partes de nuestro cerebro vinculadas a la generación de emociones. Las emociones generadas se asocian de este modo con la marca objeto de la campaña musical creando una conexión de valores marca-consumidor muy interesante.

Prueba de ello es la cantidad de marcas que a golpe de billete pugnan por “subirse al escenario principal”de los festivales musicales de nuestro país. La industria festivalera mueve unos 450 millones de Euros en nuestro país sólo en entradas, esto significa que 2,5 millones de jóvenes se ponen cada año en ruta festivaleradispuestos a partir la pana y a volver a casa sin que les quiten lo bailao. Esta jugosa cifra no ha pasado desapercibida para las marcas cuyo target es afín (o aspiracional) para con los asistentes a este tipo de eventos.

Un ejemplo en este sentido sería la relación entre la D.O. Ribera del Duero y el festival de música Sonorama Ribera, la cual va mucho más allá de un simple patrocinio. El vino ha logrado integrarse en la cultura del festival sin desentonar lo más mínimo, a través de escenografía, catas en bodegas durante las mañanas festivaleras, concursos y muchas más acciones llevadas a cabo en el seno del festival.

Las posibilidades en este terreno son infinitas, «imagine» , crea y estarás más cerca de encontrarte «knockin on heavens do0r».

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